Melbourne, Melby for the Melbournians, is a large brick canvas with hundreds of urban art pieces and good graffiti. It has very cinematographic corners and a rich cultural life full of art, exhibitions and live music. The memories of its Victorian time and the transit of the streetcars, bring a special flair to its European style streets. It is cosmopolitan and clean.

"I rode by bike throughout the city and I was charmed."

Apart from the journeys, I stayed in Byron Bay most of the time. It is a meeting point of surfers, hippies and those who pretend to be hippies. Cape Byron with it´s symbolic lighthouse divides the two Byron’s beaches, which again, are huge. Good weather, better vibes, dolphins giving the early good mornings and of course, waves.

There are periods in which certain places form the basis of its own character and then it is when their essence is pure and virgin. I would have liked to know Byron ten years ago, Ibiza twenty years ago and San Francisco in the late sixties. Everyone likes to visit the most beautiful places over the world, so the overcrowding in there is part of the landscape.


Even with the unstoppable commercial affairs, Byron keeps its magic. Thanks in part to the voice of their neighbours, able to keep out those standards of globalization as McDonalds and KFC. Street musicians and surfers do the rest. They bring a lay back mood to this awesome spot. The main bay is so large that it is divided into several beaches: Belongil, The Wreck, Main Beach, Clarke and The Pass.

There is Watergo after the cliff, Cosy Corner, and the wild Tallow that ends in Broken Heads. These beaches are huge! How many dolphins! How beautiful it is! I will always remember the surfing here, the fruit & vegetables street market, the independent cinema, the Photoshop’s sunsets, the barbecues, the cycling…

I will never forget those beers under the moonlight with the Pacific Ocean at the background. Not to mention the erotic beauty of seeing so many female bodies in the water… Surfer mermaids.

Melbourne, Melby para los melbourianos, es un gran lienzo de ladrillo con cientos de piezas de arte urbano y buen graffiti.

Tiene esquinas muy cinematográficas, una gran vida cultural llena de arte, exposiciones y música en directo. Los recuerdos de su época victoriana y el tránsito de tranvías, aportan a sus europeas calles un aire especial. Es cosmopolita y limpia. La recorrí en bici y me encantó.

Me quedé viviendo en Byron Bay, un pueblo donde sólo parece haber gente joven. Lugar de encuentro de surferos, hippies y los que van de hippies. El Cabo de Byron con su simbólico faro, divide sus dos playas que de nuevo, son inmensas. Buen tiempo, mejor ambiente, delfines que dan los buenos días a quien madruga y cómo no, olas.

Hay periodos en los que ciertos lugares sientan las bases un carácter propio, es entonces cuando su esencia se encuentra virgen y pura.

"Me hubiera gustado conocer Byron hace diez años, Ibiza hace veinte y San Francisco a finales de los sesenta."

A todo el mundo le gusta conocer los lugares más hermosos, por lo que con el tiempo, el abarrotamiento en los sitios bonitos es inevitable. A pesar de los espejismos comerciales, Byron conserva su magia. En parte gracias a la voz de sus vecinos, capaz de impedir la entrada a esos estandartes de una globalización disfrazados de McDonalds y KFC. Del resto se encargan los músicos callejeros, que hacen sonar las calles y los surferos que traen ese ambiente tan relajado a un enclave inmejorable.

La bahía principal es tan grande que se divide en varias playas: Belongil, The Wreck, Main Beach, Clarke y The Pass. Watergo tras el acantilado y desde Cosy Corner, la salvaje Tallow, que acaba en Broken Heads. ¡Qué playas tan enormes!, ¡cuántos delfines!, ¡qué bonito es!

Me llevo mucho surfing, su mercadillo de fruta y verdura, su sala de cine independiente, atardeceres de Photoshop, unas cuantas barbacoas, paseos en bici a lo Verano Azul, cervezas bajo la luz de la luna con el Pacífico de fondo y la erótica de ver tantos cuerpos femeninos en el agua… Sirenas del surf.

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